Descansa en paz hermanita

Ayer fue un día especial, no hay duda. La primera comunidad de la parroquia La Consolación, mi comunidad, ha sumado una santa más en el cielo. Una de las hermanas se nos ha adelantado en el viaje hacia nuestra morada final en la casa del Padre. Después de unos meses de batallar contra una seria complicación de su salud, el Señor decidió que ya era suficiente y que debía ir a su lado a comenzar a vivir de verdad, verdad. Vida plena y eterna.

Dios te tenga en su gloria, Sultanita.

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Descansa en paz hermanita

La única pregunta que el hombre ha de hacerse: ¿me salvé o no me salvé?

Hace un par de días me encontré con cierto artículo en Catholic.net escrito por el padre Mariano de Blas. Es un artículo corto y escrito en un lenguaje claro y fácil de entender pero eso si: nos pone de cara ante la única pregunta que necesita respuesta en nuestras vidas: al final de los tiempos; cuando todo haya pasado, ¿podremos decir que nos hemos salvado o por el contrario, que estamos entre el número de los condenados?

La cuestión es de una contundencia tan brutal que yo diría que aquel que no se sienta movido a conversión, aunque sea un poquitín, desde ya puede irse sumando al lote de los perdidos. Porque a eso se resume todo. Unos cuantos se salvarán y los demás se perderán. Y en ambos casos será para siempre. Todo lo demás son tonterías: ¿Me iré a graduar? ¿Me casaré? ¿Cuantos hijos tendré? ¿Hasta cuando tendremos a Chavez en Venezuela? Estupideces. Solo importa una cosa: Estar en el lote de los que se sentarán a la derecha del Padre después del día del Juicio Final.

Así comienza el artículo en cuestión:

Se nos cuenta en la Biblia que, al final de los tiempos, una vez que hayamos resucitado, todos los hombres nos vamos a reunir. Es impresionante la cantidad de personas que vamos a ser: millones y millones de seres humanos.

En ese momento va a venir Dios de una manera solemne, rodeado de ángeles, para decir unas palabras decisivas a los hombres. Toda esa gran multitud estará dividida en dos bandos: unos, se nos dice, estarán a la derecha, otros estarán a la izquierda. Los que estén a la derecha sabrán que definitivamente se han salvado. Nada ni nadie les podrá quitar esa felicidad eterna que lograron con su buena vida. Los que estén a la izquierda sabrán que…

Lean aquí el artículo completo en la página original donde lo encontré.

La única pregunta que el hombre ha de hacerse: ¿me salvé o no me salvé?

¿Por que los cristianos no lloramos ante la muerte?

Esa pregunta me la hizo hoy Samuel, nuestro hijo de 11 años de edad, cuando llegábamos a la funeraria tras la muerte de una hermana de las comunidades neocatecumenales quien se durmiese en el Señor en horas de la madrugada de hoy.

Antes de ofrecerle una respuesta, lo emplacé para que fuese el mismo quien descifrara el llanto distinto de los cristianos cuando estamos de cara a la muerte (porque los cristianos si lloramos, solo que de manera distinta. Mas abajo explicamos un poco).

Me alegró mucho escuchar a mi hijo explicar: “Los cristianos no lloramos porque sabemos que el que se muere, en verdad no se ha muerto. Solo se ha ido a vivir al cielo”. ¡Bien por ti, Samu, que a tu corta edad ya has captado la esencia del Evangelio!

Luego, para ayudar a aclarar un poco todo el asunto, María Claudia (la 3ra, de 6 años de edad) nos recordó como ella nos había visto llorar un poco durante el sepelio de su tío Reinaldo.  Y aquí si hizo falta la explicación: A pesar de ser conocedores de la buena noticia de que Cristo ha vencido a la muerte, los cristianos seguimos siendo seres humanos con sentimientos y por eso lloramos un poco, y sin desesperanza o desconsuelo.

Les pedimos a todos que incluyan en sus oraciones a la familia Colmenarez para que Dios les de consuelo, refugio y fortaleza y se acuerden siempre de que el Señor los está amando infinitamente a esta hora. Nosotros, desde La Iglesia en Casa les decimos: ¡Felicitaciones! ¡Tienen una santa en el Cielo!

¿Por que los cristianos no lloramos ante la muerte?

No sabemos el día ni la hora

El día de ayer el Señor visitó al salón de Kinder B del Colegio San Vicente de Paúl, donde está nuestra pequeña Isabel.

Fue una de esas visitas que estremece y que a algunos hace dudar del amor de Dios.

Resulta que una niña de 5 años de edad que asistía a este kinder fue llamada por el Señor y ayer se durmió para despertar en las moradas eternas.

Fue un duro golpe. Un accidente automovilístico. Una de esas cosas que nadie se espera ni se explica. ¿Por que? ¿Por que a tan temprana edad? Toda la vida por delante. Apenas 5 años de edad.

Se nos olvida que el tiempo del Señor es perfecto. Que la vida no nos pertenece, que nos viene de Dios.

En una ocasión un catequista comentaba que toda vida comienza y termina en su momento preciso. Decía que no hay que vivir una larga vida y morir por causas naturales a una edad avanzada para considerar que una persona haya tenido una vida completa. También el hombre que muere en plena madurez ha vivido a plenitud. Al igual que la niña de 5 años e inclusive el feto que a veces muere por causas orgánicas dentro del útero.

Todo aquel que deja atrás este valle de lágrimas y se va para dar comienzo a la vida verdadera ha cumplido su misión en este mundo. Sin importar cuanto tiempo le tomó hacerlo.

Que no entendamos cual pudo haber sido la misión de esta criaturita es otra historia. Dejémosle ese asunto a Dios, mejor y recemos por su alma y por que sus padres y hermanas pueden hallar consuelo y refugio en el Señor.

No sabemos el día ni la hora