El poder de la oración (o de como el Señor viene a consolarnos)

Ya con anterioridad hemos hecho mención a la casa que hemos comprado, hace un año aproximadamente, y a los distintos trabajos y arreglos que hemos tenido que hacerle a fin de volverla habitable y poder mudarnos a ella. Han sido unos meses de arduo trabajo y al fin, después de numerosos esfuerzos de todo tipo (físico, financiero, psicológico, etc…) henos ya a punto de mudarnos a nuestro propio hogar.

La causa de nuestras angustias y desvelos

Durante este fin de semana, sin embargo, con mucha tristeza y no menos rabia, nos hemos percatado de una expansión horrorosa que un vecino está llevando a cabo en su casa, la cual queda prácticamente detrás de la nuestra. Si sigue por donde va, no solo nos veremos privados de nuestra privacidad en un alto grado, sino que el valor de nuestra propiedad se verá negativamente afectado con bastante seguridad.

Regresamos al apartamento donde hemos vivido alquilados estos últimos meses en un estado semi-depresivo, dándole vueltas en nuestras cabezas a las posibles acciones a tomar. Gracias a Dios el Espíritu Santo nos movió a la oración y con salterio en mano nos dispusimos a hacer la oración de las laudes, que aun no habíamos hecho a esa hora de la mañana. Y vean como el Señor se ha aparecido en medio del comentario al evangelio del día que tomamos de esta página, y como nos ha cambiado la tristeza en alegría, gracias al consuelo que solo Él puede dar. Citamos lo que dice el Rev. D. Josep Vall, de Barcelona, España:

En el Evangelio del día, el Señor habla a los Apóstoles acerca de la alegría que han de tener: «Que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,11). En efecto, el cristiano, como Matías, vivirá feliz y con una serena alegría si asume los diversos acontecimientos de la vida desde la gracia de la filiación divina. De otro modo, acabaría dejándose llevar por falsos disgustos, por necias envidias o por prejuicios de cualquier tipo. La alegría y la paz son siempre frutos de la exuberancia de la entrega apostólica y de la lucha para llegar a ser santos. Es el resultado lógico y sobrenatural del amor a Dios y del espíritu de servicio al prójimo.

Romano Guardini escribía: «La fuente de la alegría se encuentra en lo más profundo del interior de la persona (…). Ahí reside Dios. Entonces, la alegría se dilata y nos hace luminosos. Y todo aquello que es bello es percibido con todo su resplandor». Cuando no estemos contentos hemos de saber rezar como santo Tomás Moro: «Dios mío, concédeme el sentido del humor para que saboree felicidad en la vida y pueda transmitirla a los otros». No olvidemos aquello que santa Teresa de Jesús también pedía: «Dios, líbrame de los santos con cara triste, ya que un santo triste es un triste santo».

Así que ya sabemos que las cosas se enfrentan es con mucha alegría y confianza en el Señor. Es Él quien lleva nuestras vidas y lo hace todo perfecto. Ya veremos como se soluciona (o no) el problema con el vecino, sabiendo que lo importante es la experiencia de Dios que nos quede al final de todo.

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El poder de la oración (o de como el Señor viene a consolarnos)

Jazz en el ghetto

Louis Armstrong | Giants of Jazz Series

Desde hace algunos días ha venido sucediendo. Al principio pasaba casi desapercibido, pero con el tiempo, se hizo imposible ignorarlo: Hay alguien en nuestro edificio a quien le gusta escuchar jazz.

Nunca he sido amante de ese género musical, pero debo admitir que en medio de la salsa, el merengue y peor aún, el reggaetón que suele retumbar por las ventanas de los distintos apartamentos que nos rodean aquí en el ghetto de La Mora; el dulce sonido de un saxófono ha llegado a nuestros oídos como el agua a la garganta de alguien perdido en el desierto por cuarenta días con sus noches.

El anónimo vecino que de vez en cuando refresca las tardes con sus CDs de Jazz, sin quererlo le ha dado un toque jovial y civilizado al caos en el por los momentos nos tiene viviendo el Señor. Bendito sea Dios.

Jazz en el ghetto