Una mujer se esteriliza para poder conseguir trabajo

¿Tener hijos o conseguir trabajo?

Hoy mientras revisaba las actualizaciones en Facebook leí algo que me congeló la sangre en las venas. Una amiga colocaba el siguiente mensaje:

Ayer me llego un Curriculo Vitae en donde la chica decia, entre sus habilidades y destrezas, estar “ESTERILIZADA”

Vuelvo a leerlo y sigo sin saber que le puede estar pasando por la cabecita a alguien que es capaz de operarse para no tener hijos y poder así conseguir trabajo. Pero esa es la Venezuela en la que vivimos hoy en día. Un país en el que se acaba de aprobar una ley (con el cantinflerico nombre de Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras – en serio, no se rían; así se llama) en la que es tal la cantidad de meses de descanso que se le otorgan a las mujeres trabajadoras que den a luz, que para muchas empresas no va a resultar atractivo contratar personal femenino en edad de procreación. De ahí que a esta pobre mujer no se le haya ocurrido mejor idea que echarse tijeras en sus trompitas de Falopio y mandar al quinto infierno el don que Dios le ha dado de ser madre y procreadora de vida.

Al menos queda el consuelo de que todos los comentarios añadidos a esa actualización en Facebook condenaban sin titubeos tan infeliz decisión por parte de esta buscadora de empleo. Es decir, no hemos llegado a la situación en la que este tipo de actitudes sean felicitadas y promovidas. Esperemos que Dios se apiade de ella y que si llega a la vejez, no sea esta una llena de soledad extrañando los hijos que nunca tuvo por estar tan afanada por un puesto de trabajo en aquellos lejanos días de juventud.

Actualizado

Estamos claros en que es muy probable que esta chica no se haya ido a esterilizar específicamente con la finalidad de mercadearse bien en el mercado laboral. Quien sabe en verdad porque lo habrá hecho. Lo que si es cierto, e igual de triste, es que ahora piense que eso es una destreza o habilidad que la coloca con ventaja frente a otras mujeres que si puedan y/o deseen tener hijos.

Lo más patético de todo es que quizá tenga razón.

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Una mujer se esteriliza para poder conseguir trabajo

La idea es acabar con la familia

Ayer tuve una conversación que me puso los pelos de punta al ponerme de cara ante una espantosa realidad que tenemos en nuestras narices en estos momentos y que al parecer preferimos ignorar.

Se trataba de la abuela de uno de los niños que estudia en el instituto de inglés donde trabajo. La señora me comentaba que ella era la encargada del niño pues la mamá vive en Caracas y el pequeñín aquí en Barquisimeto.

Se sabe que en Venezuela y en casi toda Latinoamérica (por no decir el mundo entero) son los papás los que suelen abandonar los hogares. En este caso, y me van a perdonar el francés, ¿que carajo hace esa mujer en Caracas con un hijo en Barquisimeto? O se lleva al niño para allá o se viene ella a Barquisimeto. No existe ninguna; pero lo que se dice NINGUNA excusa para que una mujer viva alejada de su hijo.

Dios me perdone. Seguramente que he caído en hacerle un juicio probablemente inmerecido a esta pobre mujer. No conozco sus razones ni las circunstancias detrás de la dramática situación familiar por la que está pasando. Es más, tengo personas bastante cercanas que viven dramas muy parecidos. Madres que viven en una casa mientras sus hijos viven con sus abuelos o con sus padres en otras casas (y a veces en otros países). Y estamos hablando de niños y adolescentes. Personitas que crecen sin tener la menor idea de lo que es una familia. Seguro que muchos pensaran que esas familias “modernas” son validas también. No lo son. Una familia está compuesta de un papá, una mamá y unos hijos. Cuando Dios llama a su lado a algún miembro por supuesto que el resto sigue conformando una familia, pero cuando el divorcio o los compromisos laborales u otros intereses parecidos son los que desmiembran al núcleo de la sociedad, entonces estamos en serios aprietos. Como decimos en el título, la idea pareciera ser que hay que acabar con la familia.

Todo esto es simplemente la ausencia de Dios. Lo apartamos de nuestras vidas y ahí están las consecuencias. Otra manifestación de este horror es la genial idea que tienen algunos en México de institucionalizar un matrimonio de dos años. Como para probar y después ver. Sencillamente inmoral. Punto.

¿Que nos queda ante este panorama? Primeramente orar por el prójimo. Por esos pobres que lejos de ser malos, son simplemente unos alejados de Dios, que no conocen su amor y que están muy necesitados de que se les predique la misericordia, el amor, el morir en la cruz por el otro. Y ahí está el otro llamado a la acción que tenemos los cristianos de este tiempo: salir de nuestras comodidades y estar dispuestos a ir hasta los extremos que Dios tenga previsto a fin de que se le anuncie el evangelio a esta generación.

Es cuestión de vida o muerte.

La idea es acabar con la familia

Un rotundo regreso a clases

Si no tengo cuidado voy a terminar así.

El día de ayer los niños comenzaron su nuevo año escolar y de igual forma Paty retornó al trabajo después de unas semanas de merecidas vacaciones, volviendo todos a retomar nuestra alocada y ultra-ocupada vida cotidiana.

Además de los horrorosos madrugonazos para poder dejar a los niños a tiempo en el colegio y de todas las tareas y trabajos escolares que tenemos por delante, sin duda lo que nos viene tanto en lo personal como en lo laboral, son unas semanas  bastante atareadas, por decir lo menos. En el trabajo ya nos estamos volviendo locos con el regreso de los alumnos  y la reorganización de grupos en el instituto de inglés donde trabajamos Paty y yo. Y para colmo a todo esto le tendremos que sumar el detallito de los trabajos de remodelación que estaremos llevando a cabo en la casa que tan misericordiosamente Dios ha querido que podamos comprar este verano.

Esperemos que por medio de la oración no se nos olvide que el Señor está siempre con nosotros y que no nos dejará solos en ninguna de estas cosas.

Que así sea.

Un rotundo regreso a clases

Como ofrecer un dulce y no morir en el intento

Para los que no lo sepan, Patricia y yo trabajamos juntos en el mismo instituto de inglés donde estudian nuestros cuatro hijos. Por lo tanto, la familia entera pasa un buen rato en la oficina en horas de la tarde.

Hoy le pedí a Santiago, el menor de los varones, que me acompañara a hacer un par de diligencias en un banco cercano mientras esperaba que fuese la hora de su clase, con la promesa de que después podríamos parar en la panadería y comprar alguna chuchería como premio por venir conmigo.

No se como sucedió pero de algún modo Santy entendió que el podría escoger cualquier chuchería de las que venden en la panadería. A decir verdad, yo no recuerdo haber hecho esa oferta de forma expresa, pero si recuerdo haberle dicho: “Mientras yo pido un café escoge tu lo que quieras merendar”. Uups! Craso error. A un niño no se le puede decir la palabra “escoge”. Uno debe escoger por el. Al menos cuando al niño no se le ocurre mejor idea que antojarse por un huevito de chocolate marca Kinder que cuesta alrededor de BsF. 20,00.

Por supuesto que tuve que pedirle a Santiago que escogiese otro dulce un poco más económico a lo que respondió con una sacudida de cabeza y una cara amarrada que decía montones de su descontento con todo el negocio de la diligencia y la chuchería prometida, al final no comprada.

Me partió el alma regresar sin comprarle nada a Santy pero me pareció más beneficioso para él enseñarle la lección de que no siempre se puede tener lo que uno quiere. Y que las reacciones malcriadas nos llevan a situaciones en las que terminamos con las manos vacías.

Sus comentarios son bienvenidos: ¿Como hubiesen manejado ustedes una situación como esta? ¿Que reglas en cuanto a la compra e ingesta de chucherías tienen ustedes con sus hijos?

Como ofrecer un dulce y no morir en el intento