Reflejos de la iglesia y nuestra sociedad en un par de videos

Ayer mientras revisaba el timeline de La Iglesia En Casa en Twitter me encontré con dos vídeos por separado que me llamaron mucho la atención debido a como  contrasta el mensaje de uno con respecto al otro.

En el primero, que podrán ver a continuación, se plasma la triste realidad de lo descristianizada que se encuentra Europa, y en particular, España en estos momentos. Definitivamente nos toca ir a re-evangelizar al Viejo Continente y a cualquier otro lugar del mundo donde sea necesario.

Por otra parte tenemos esta iniciativa de “Catholic Voices” en el Reino Unido, que enseña a los católicos a expresar y defender los distintos puntos de vista que sostiene la iglesia católica; algunos de los cuales pueden ser controversiales como son nuestras posturas ante el aborto, la eutanasia, el “gaymonio” entre otros.

Quizá entre los dos vídeos podamos hallar una apreciación objetiva del estado actual de la iglesia en el mundo actual. Por un lado tenemos una corriente negativa que habla del fin de la iglesia y por otro tenemos los esfuerzos digitales y de cualquier tipo que se están llevando a cabo para mantener vivo el mensaje de Cristo Resucitado.

Al final solo tenemos que acordarnos de una cosa: esto no es obra nuestra sino de Dios que nos impulsa con su Santo Espíritu.  Si Cristo está con nosotros, ¿quién contra nosotros?

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Reflejos de la iglesia y nuestra sociedad en un par de videos

La idea es acabar con la familia

Ayer tuve una conversación que me puso los pelos de punta al ponerme de cara ante una espantosa realidad que tenemos en nuestras narices en estos momentos y que al parecer preferimos ignorar.

Se trataba de la abuela de uno de los niños que estudia en el instituto de inglés donde trabajo. La señora me comentaba que ella era la encargada del niño pues la mamá vive en Caracas y el pequeñín aquí en Barquisimeto.

Se sabe que en Venezuela y en casi toda Latinoamérica (por no decir el mundo entero) son los papás los que suelen abandonar los hogares. En este caso, y me van a perdonar el francés, ¿que carajo hace esa mujer en Caracas con un hijo en Barquisimeto? O se lleva al niño para allá o se viene ella a Barquisimeto. No existe ninguna; pero lo que se dice NINGUNA excusa para que una mujer viva alejada de su hijo.

Dios me perdone. Seguramente que he caído en hacerle un juicio probablemente inmerecido a esta pobre mujer. No conozco sus razones ni las circunstancias detrás de la dramática situación familiar por la que está pasando. Es más, tengo personas bastante cercanas que viven dramas muy parecidos. Madres que viven en una casa mientras sus hijos viven con sus abuelos o con sus padres en otras casas (y a veces en otros países). Y estamos hablando de niños y adolescentes. Personitas que crecen sin tener la menor idea de lo que es una familia. Seguro que muchos pensaran que esas familias “modernas” son validas también. No lo son. Una familia está compuesta de un papá, una mamá y unos hijos. Cuando Dios llama a su lado a algún miembro por supuesto que el resto sigue conformando una familia, pero cuando el divorcio o los compromisos laborales u otros intereses parecidos son los que desmiembran al núcleo de la sociedad, entonces estamos en serios aprietos. Como decimos en el título, la idea pareciera ser que hay que acabar con la familia.

Todo esto es simplemente la ausencia de Dios. Lo apartamos de nuestras vidas y ahí están las consecuencias. Otra manifestación de este horror es la genial idea que tienen algunos en México de institucionalizar un matrimonio de dos años. Como para probar y después ver. Sencillamente inmoral. Punto.

¿Que nos queda ante este panorama? Primeramente orar por el prójimo. Por esos pobres que lejos de ser malos, son simplemente unos alejados de Dios, que no conocen su amor y que están muy necesitados de que se les predique la misericordia, el amor, el morir en la cruz por el otro. Y ahí está el otro llamado a la acción que tenemos los cristianos de este tiempo: salir de nuestras comodidades y estar dispuestos a ir hasta los extremos que Dios tenga previsto a fin de que se le anuncie el evangelio a esta generación.

Es cuestión de vida o muerte.

La idea es acabar con la familia

El Camino, La Verdad y La Vida

Esta mañana, al rezar laudes, leíamos el evangelio del día y nos encontramos con una hermosísima reflexión sobre el mismo, hecha por Rev. D. Josep Mª
Manresa Lamarca (Les Fonts del Vallès, Barcelona, España). Nos tomamos la libertad de ponerla aquí para que todos reflexionemos un poco y nos demos cuenta de lo que estamos haciendo con nuestras vidas:

Hoy, en este Viernes IV de Pascua, Jesús nos invita a la calma. La serenidad y la alegría fluyen como un río de paz de su Corazón resucitado hasta el nuestro, agitado e inquieto, zarandeado tantas veces por un activismo tan enfebrecido como estéril.

Son los nuestros los tiempos de la agitación, el nerviosismo y el estrés. Tiempos en que el Padre de la mentira ha inficionado las inteligencias de los hombres haciéndoles llamar al bien mal y al mal bien, dando luz por oscuridad y oscuridad por luz, sembrando en sus almas la duda y el escepticismo que agostan en ellas todo brote de esperanza en un horizonte de plenitud que el mundo con sus halagos no sabe ni puede dar.

Los frutos de tan diabólica empresa o actividad son evidentes: enseñoreado el “sinsentido” y la pérdida de la trascendencia de tantos hombres y mujeres, no sólo han olvidado, sino que han extraviado el camino, porque antes olvidaron el Camino. Guerras, violencias de todo género, cerrazón y egoísmo ante la vida (anticoncepción, aborto, eutanasia…), familias rotas, juventud “desnortada”, y un largo etcétera, constituyen la gran mentira sobre la que se asienta buena parte del triste andamiaje de la sociedad del tan cacareado “progreso”.

En medio de todo, Jesús, el Príncipe de la Paz, repite a los hombres de buena voluntad con su infinita mansedumbre: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí» (Jn 14,1). A la derecha del Padre, Él acaricia como un sueño ilusionado de su misericordia el momento de tenernos junto a Él, «para que donde esté yo estéis también vosotros» (Jn 14,3). No podemos excusarnos como Tomás. Nosotros sí sabemos el camino. Nosotros, por pura gracia, sí conocemos el sendero que conduce al Padre, en cuya casa hay muchas estancias. En el cielo nos espera un lugar, que quedará para siempre vacío si nosotros no lo ocupamos.

Acerquémonos, pues, sin temor, con ilimitada confianza a Aquél que es el único Camino, la irrenunciable Verdad y la Vida en plenitud.

Esperamos que estas inspiradas palabras nos ayuden a poner las cosas en perspectiva y podamos en verdad añorar nuestra casa en el cielo. Aquella que Jesucristo ha ido a prepararnos.

El Camino, La Verdad y La Vida

El Papa y las redes sociales

Lo que ya hemos dicho anteriormente en relación a la posición de la Iglesia con respecto a las redes sociales, ha sido recientemente anunciado por Time en este artículo el cual pasamos a traducir para ustedes:

¿Te destroza el sentimiento de culpa católico cada vez que revisas tu Facebook? Ya no tienes de que preocuparte. El Papa lo aprueba.

En un mensaje titulado “La Verdad, la Proclamación y la Autenticidad de la Vida en la Era Digital” el Papa Benedicto XVI le dio su bendición a las redes sociales, pero advirtió que estas no pueden reemplazar el verdadero contacto humano. La proclamación, creada para el Día Mundial de la Comunicación celebrado por la Iglesia Católica, expresaba: “Quisiera por lo tanto invitar a los cristianos a que con confianza y con una creatividad informada y responsable se unan a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible”.

El pontífice sugirió a los participantes de las redes sociales ser abiertos y honestos en sus comunicaciones y no confundir las amistades en linea con las mas profundas y duraderas. “Es importante siempre recordar que el contacto virtual no puede ni debe sustituir el contacto humano directo con la gente de cualquier nivel en nuestras vidas”.

A pesar de que el Papa, de 83 años de edad, no tiene una página personal en Facebook, el Vaticano ha logrado avanzar en el área de las redes sociales a través de su página, Pope2you, el cual lleva a los usuarios a YouTube y a Facebook, y donde inclusive tienen una aplicación para el iPhone. ¿Quien hubiese creído que la Santa Sede estaba tan al día con la juventud?

El Papa y las redes sociales

¿Felices fiestas?

¿Se han dado cuenta como desde hace ya varios años ha habido un empeño en substituir la frase “Feliz Navidad” por una más genérica (y más pagana) como lo es “Felices Fiestas”?

¿Felices fiestas? ¿Felices fiestas? Me perdonan el fino francés, pero ¿que vaina es esta? ¿Ahora para no lastimar las susceptibilidades de los no-creyentes en Jesucristo tenemos que decir felices fiestas en lugar de Feliz Navidad? ¿En serio? Y la cosa por supuesto que va mas allá. Al niño Jesús lo hemos substituido casi que completamente con la figura del obeso Santa Claus. Nadie sabe como me revienta escuchar a los niñitos venezolanos preguntarse mutuamente “¿tu que le pediste a Santa?” cuando en estas tierras toda la vida ha sido el Niño Jesús quien trae los regalos a chicos y grandes. Incluso al árbol de navidad les ha dado por llamarlo árbol festivo. !Por favor!

¿Felices Fiestas? ¿Así? ¿Grises, sin un adornito siquiera?

No me vengan tampoco con el cuento de que ofendo si le digo a un judío o a un musulmán “Feliz Navidad”. ¿Por que habría de ofenderles? A mi la verdad es que no me importaría en lo más mínimo si en una tienda o restaurante el mesonero me dijese “Feliz Hanukah” o “Feliz Ramadán”.

Al final del día, que cada quien celebre sus fiestas y tradiciones como mejor le parezca, pero eso sí;  que no nos obliguen a los cristianos, bajo falsos pretextos de respeto y tolerancia, a renunciar a frases y costumbres netamente religiosas que toda nuestra vida hemos llevado en lo mas profundo del ser. Y es que el hombre, para ser verdaderamente hombre, ha de tener un componente religioso que lo defina.

¡La Iglesia en Casa les desea a todos una feliz Natividad de Nuestro Señor Jesucristo! (Y nos disculpan si en este mensaje se deja colar cierto aire de religiosidad).

¿Felices fiestas?