Feliz Navidad y prospero 2013

Como sucede cada cierto tiempo y gracias a las mil cosas de las que uno se tiene que ocupar en su vida cotidiana, una vez más hemos dejado pasar unas cuantas semanas sin actualizar el blog.

Por lo pronto solo queríamos dejar plasmados aquí nuestros deseos de una feliz y santa Noche Buena y de una más feliz y santa Navidad y Año Nuevo a todos ustedes. Que en el seno de cada familia se pueda dar ese humilde pesebre donde ocurra el milagro del nacimiento del Hijo de Dios.

Los dejamos con esta foto de nuestro árbol en esta primera Navidad que el Señor nos permite vivir aquí en nuestro nuevo hogar. Luego veremos como hacer para mantener esto un poco más activo a partir del año entrante.

Nuestro árbol de Navidad
Nuestro árbol de Navidad
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Feliz Navidad y prospero 2013

La Santidad del Matrimonio y la Familia

Esta mañana, haciendo el Oficio de Lecturas, nos encontramos con un texto de la Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano segundo; titulado “Santidad del matrimonio y de la familia”.

Me pareció sumamente importante compartirlo con ustedes por esta vía, considerando que vivimos en un mundo donde ciertas corrientes quieren hacernos tragar a la fuerza al fulano matrimonio gay y todo lo que esta aberración implica.

Sin mas que decir, a continuación les dejamos esta hermosa descripción cristiana de lo que es el matrimonio y la familia:

“El hombre y la mujer, que por el pacto conyugal ya no son dos, sino una sola carne, con la íntima unión de perso­nas y de obras se ofrecen mutuamente ayuda y servicio, experimentando así y logrando, más plenamente cada día, el sentido de su propia unidad.

Esta íntima unión, por ser una donación mutua de dos personas, y el mismo bien de los hijos exigen la plena fidelidad de los esposos y urgen su indisoluble unidad.

Cristo, el Señor, bendijo abundantemente este amor mul­tiforme que brota del divino manantial del amor de Dios y que se constituye según el modelo de su unión con la Iglesia.

Pues, así como Dios en otro tiempo buscó a su pueblo con un pacto de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por el sacramento del matrimonio. Permanece, además, con ellos para que, así como él amó a su Iglesia y se entregó por ella, del mismo modo, los es­posos, por la mutua entrega, se amen mutuamente con perpetua fidelidad.

El auténtico amor conyugal es asumido por el amor di­vino y se rige y enriquece por la obra redentora de Cristo y por la acción salvífica de la Iglesia, para que los esposos sean eficazmente conducidos hacia Dios y se vean ayuda­dos y confortados en su sublime papel de padre y madre.

Por eso, los esposos cristianos son robustecidos y como consagrados para los deberes y dignidad de su estado, gracias a este sacramento particular; en virtud del cual, cumpliendo su deber conyugal y familiar, imbuidos por el espíritu de Cristo, con el que toda su vida queda impreg­nada de fe, esperanza y caridad, se van acercando cada vez más hacia su propia perfección y mutua santificación, y así contribuyen conjuntamente a la glorificación de Dios.

De ahí que, cuando los padres preceden con su ejemplo y oración familiar, los hijos, e incluso cuantos conviven en la misma familia, encuentran más fácilmente el cami­no de la bondad, de la salvación y de la santidad. Los es­posos, adornados de la dignidad y del deber de la pater­nidad y maternidad, habrán de cumplir entonces con dili­gencia su deber de educadores, sobre todo en el campo religioso, deber que les incumbe a ellos principalmente.

Los hijos, como miembros vivos de la familia, contribu­yen a su manera a la santificación de sus padres, pues, con el sentimiento de su gratitud, con su amor filial y con su confianza, corresponderán a los beneficios recibidos de sus padres y, como buenos hijos, los asistirán en las adver­sidades y en la soledad de la vejez.”

La Santidad del Matrimonio y la Familia

Día de Todos los Santos

Hoy, como todos lo saben, la iglesia conmemora el Día de Todos los Santos.

Y la verdad es que son unos cuantos los que hacen vida en esta comunidad. Tenemos los que convivieron con Jesús y durante los primeros años del cristianismo como San Pedro y San Pablo. También los hay un poco más cercanos a nuestros días como son los casos de San Maximiliano Kolbe o San Josemaría Escrivá. Y en el medio están todos los demás hombres y mujeres que han hecho de sus vidas unas réplicas de la de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero hoy también celebramos las vidas de los otros santos y santas. Aquellos que vivieron (o viven) en comunión con la voluntad del Padre. Aquellos que a diario dan muerte a sus propias apetencias y deseos para que los demás puedan llegar a conocer y disfrutar la vida verdadera. Hombres y mujeres que se han negado a ellos mismos para dedicarse a ser catequistas de varias comunidades o para servir como responsables de las mismas. Familias enteras que han renunciado a todo para irse en misión a zonas desauciadas donde la Buena Nueva de Cristo Resucitado necesita ser anunciada. Matrimonios donde el hombre o la mujer mueren en su orgullo al guardar silencio ante el otro en medio de una discusión, no con una rabia contenida ni con resignación, sino en la más grande demostración de amor que exista donde la vida del otro está primero que la propia.

Si que existe la santidad en nuestro tiempo. Yo la he visto en mi matrimonio, en mi parroquia y en mi comunidad concreta del Camino Neocatecumenal. Por eso en mi profesión de fe pude decir que creo en la comunión de los santos, a la que todos estamos llamados.

Feliz Día de Todos los Santos.

Día de Todos los Santos