Una nueva primera comunión

Lo prometido es deuda. Por una razón u otra no había podido actualizar el blog con lo pertinente a la primera comunión de María Claudia (la mayor de las niñas, 3era en total); así que hoy vengo a cumplir y como en verdad son pocas las palabras que puedan describir bien las emociones de ese día, les dejo esta pequeña galería de fotos que en mi opinión capturan bien la esencia de lo que fue ese día para nosotros.

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Viernes Santo: Adoración de la Cruz Gloriosa

El día comenzó con los niños asistiendo al ensayo de los cantos que entonarán durante la Vigilia Pascual. Luego de ayudar en la compra de las flores para dicha liturgia solo nos quedó almorzar y esperar la hora de la adoración de la cruz en comunidad, la cual coincidió con la hora de la muerte del Señor: tres de la tarde (u hora nona).

La celebración en sí estuvo fenomenal. Nos ayudó a entrar en el misterio de la pasión y muerte de Jesucristo, nuestro Señor . A no quedarnos en una lástima superficial por lo mucho que sufrió Jesús en la cruz y a experimentar algo que podría sonar contradictorio: la alegría de la cruz. Alegría porque es desde ese trono que Jesús cumple su misión salvífica. Sin la cruz aun estaríamos perdidos. Así de sencillo.

Debido a que el día que teníamos la celebración penitencial (miércoles antes de Semana Santa) un apagón obligó a cancelar la misma; hasta el día de hoy no habíamos podido acercarnos al Señor en el sacramento de la reconciliación. Gracias a Dios, al concluir la celebración de la cruz, tuvimos la oportunidad de confesarnos y de rezar ante el santísimo en la capilla de la iglesia. Que hermosa manera de terminar un Viernes Santo.

Como nos decía un hermano en el templo después de las confesiones: “Se acerca lo más grande”. Efectivamente, ya solo nos queda esperar el día más grande de todos.

Viernes Santo: Adoración de la Cruz Gloriosa

Primera Comunión

¿Se acuerdan de aquella entrada que hablaba del problema de cocinar dos conejos a la misma vez y del peligro de que uno de ellos termine quemándose?

Resulta que el Señor ha estado más que esplendido con nosotros y hoy nos ha dado el hermoso regalo de poder celebrar la Primera Comunión de Samuel, el mayor de nuestros hijos. Y a pesar de todo el trabajo que implicó la mudanza de hace un par de días, hoy, por pura misericordia de Dios, no se quemó ningún conejo. Todo salió a pedir de boca. Samuel recibió por primera vez el cuerpo y la sangre de Jesucristo sacramentado y pudimos celebrarlo dignamente con toda la familia.

No me canso de decirlo. Hemos podido ver en los acontecimientos de esta semana como Dios ha estado grande con nosotros. Y estamos alegres.

Les dejamos esta pequeña galería de fotos que muestran de alguna manera lo acontecido el día de hoy:

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El verdadero amor y una buena preparación para el matrimonio

Primero que nada, ¡feliz día de San Valentín a todos! Que el verdadero amor, ese que se nos manifestó por medio de Cristo en la cruz, sea lo que encamine cada uno de nuestros actos, todos los días de nuestras vidas.

Como regalo en este día en que celebramos el amor y la amistad les dejamos la traducción de este artículo publicado en “The Integrated Catholic Life”, sobre lo que debería ser una autentica pastoral de preparación para el matrimonio:

La celebración ayer del Día Mundial del Matrimonio y hoy de San Valentín son obvias y apropiadas ocasiones para reflexionar sobre las bendiciones del amor romántico y el matrimonio.  También pueden ser días difíciles para el cada vez mayor número de personas cuyas experiencias personales del amor no han llegado a cumplir los ideales y las expectativas del amor.  El sufrimiento personal causado por las desilusiones, las relaciones, los matrimonios y las familias a menudo hacen que la gente, tanto los jóvenes como los mayores, se vuelvan un tanto cínicos con respecto a la posibilidad de que exista un amor verdadero y duradero, y que de igual forma vacilen a la hora de comprometerse totalmente con otra persona, sin lo cual el amor genuino y perdurable no tendrá ninguna posibilidad.

El Papa Benedicto XVI habló de estas realidades el 22 de enero en un interesante discurso dirigido a los miembros de la Rota Romana, el tribunal del Vaticano que, entre otras cosas, se encarga de las apelaciones finales relativas a las peticiones para investigar la nulidad de los matrimonios.

Durante los últimos años Su Santidad ha estado usando su discurso anual a la Rota para llamar la atención de los miembros de ese tribunal supremo, así como la de abogados canónicos, obispos y la iglesia en general, al hecho de que sencillamente se están otorgando demasiadas declaraciones de nulidad en el mundo entero cada año. En estos discursos ha buscado  identificar las diversas causas que contribuyen al problema, centrándose principalmente en la incomprensión y mala aplicación de los cánones que se refieren a lo que constituye un consentimiento válido al matrimonio.

Este año, sin embargo, el Papa se ha referido a un asunto mucho mayor: la falta de una preparación adecuada para el matrimonio en las parroquias y diócesis alrededor del mundo lo cual deja sin ayuda a las jóvenes parejas a la hora de reconocer lo que el matrimonio es en realidad y poder así dar su consentimiento. La razón por la que se termina dictaminando que muchos matrimonios han sido nulos desde el principio, sugirió el Papa, es porque aquellas personas involucradas en la preparación matrimonial no han hecho lo suficiente para ayudar a que jóvenes parejas bien intencionadas conozcan con adecuada precisión aquello a lo que estaban consintiendo. Su Santidad invitó a los párrocos y a todos los involucrados en la preparación de las parejas para el matrimonio en todo el mundo – por reverencia al sacramento del matrimonio y preocupación pastoral por quienes resultan afectados por una ruptura marital y el proceso para obtener una declaración de nulidad – a estar mas comprometidos y ser mas exigentes con las parejas que busquen casarse para asegurarse de que realmente tengan la intención de abrazar lo que Dios desea en un matrimonio cristiano. Específicamente los llamó a reforzar “la dimensión jurídica inherente a la actividad pastoral de la preparación y la admisión al matrimonio.” Aclaró que en diversos lugares de la iglesia, los cursos de preparación pre-matrimoniales dan “una posición bastante modesta, si no insignificante”, a los asuntos canónicos. Muchos párrocos, indicó, piensan que “los futuros esposos tienen poco interés” en estos asuntos y por lo tanto se resignan a realizar el trámite pre-marital como una mera formalidad en lugar del medio crucial de discernimiento que es.

Una razón por la que los párrocos y demás personas involucradas en las preparaciones pre-maritales no estén ayudando a las parejas con este tipo de discernimiento, sugiere Benedicto XVI, es porque erróneamente piensan que las jóvenes parejas católicas tienen un derecho a casarse en la iglesia. El Papa fue enfático al aseverar que no existe tal derecho. “El derecho a casarse”, declaró, “no es una pretensión subjetiva que los párrocos deban satisfacer por medio de un reconocimiento meramente formal, independientemente del contenido efectivo  de la unión. El derecho a contraer matrimonio presupone que la persona puede y desea celebrarlo verdaderamente, es decir, en la verdad de su esencia tal como lo enseña la iglesia. Nadie puede reclamar el derecho a una ceremonia nupcial. ”  El derecho a casarse, añadió, “se refiere al derecho a celebrar un autentico matrimonio” y “por lo tanto se negaría donde sea evidente que hacen falta los requerimientos fundamentales para su ejercicio, a saber, si la capacidad requerida para casarse estuviese ausente de forma patente o si la persona tuviese intenciones de escoger algo que fuese incompatible con la realidad natural del matrimonio”. Los pastores, dijo, tienen la obligación de determinar si la pareja en realidad tiene intenciones de entrar al matrimonio tal y como lo entiende la iglesia y no como ellos puedan entenderlo.

Para ilustrar lo que Benedicto XVI dice con respecto a la intención de una pareja de escoger algo incompatible con el matrimonio, podemos observar lo que una pareja debe afirmar bajo juramento con respecto a sus intenciones, lo cual hacen por escrito ante el sacerdote que los esté preparando así como públicamente durante la ceremonia de la boda justo antes del intercambio de los votos.  La pareja declara que  tienen la intención, de forma libre y sin reservas, al entregarse mutuamente en matrimonio, de comprometerse a amarse y honrarse mutuamente como marido y mujer por el resto de sus vidas, y que con amor aceptarán los hijos de parte de Dios y que los criaran de acuerdo a la ley de Cristo y la iglesia.  Estos son compromisos a los que muchos jóvenes novios le dan un si superficial, pero que a menudo, en lo profundo carecen de comprensión y consentimiento.

Su Santidad expresó que estos exámenes premaritales de la pareja son “una oportunidad pastoral única – de la que se deba sacar el mayor provecho con toda la seriedad y atención que se requiere – en la cual, a través de un diálogo lleno de respeto y cordialidad, el pastor busque ayudar a cada uno de los novios a hacer frente seriamente a la verdad sobre si mismos y sobre su propia vocación, humana y cristiana para el matrimonio. ” A través de estos medios de “cuidadosa preparación y verificación, se podrá desarrollar una efectiva acción pastoral que busque prevenir la nulidad del matrimonio” y “evitar situaciones donde decisiones impulsivas o razones superficiales lleven a dos personas jóvenes a tomar responsabilidades que luego sean incapaces de cumplir.” A pesar de que “no todas las causas de una eventual declaración de nulidad puedan identificarse o expresarse en la preparación para el matrimonio”, dijo, “el bien que tanto la iglesia como la sociedad en general esperan del matrimonio y de la familia fundada en este, es tan grande como para exigir un completo compromiso pastoral con esta área en particular.” Específicamente pidió a aquellos a los que “se ha confiado el cuidado de las almas” – obispos y pastores – a tener una “conciencia aun más incisiva” de sus responsabilidades en esta área.

Un compromiso pastoral mas profundo e incisivo con la preparación matrimonial resultará no solo en menos anulaciones, sino también en matrimonios válidos más fuertes, capaces de llevar a cabo la elevada misión que Cristo le da a cada pareja casada sacramentalmente.

Al celebrar la fiesta de San Valentín, quien preparó, facilitó y celebró el matrimonio de tantos cristianos durante una época de persecución, pidamosle que interceda por todos los que estamos en la iglesia hoy, para que podamos comprometernos, junto con las jóvenes parejas, de esa misma forma.

Autor: Padre Roger J. Landry

El verdadero amor y una buena preparación para el matrimonio

¿Confesarse por iPhone?

La verdad es que la forma en que algunos medios de comunicación titulan sus noticias deja mucho que desear.

Hace unos días la cuenta en Twitter de la revista Time decía la siguiente barbaridad:

¿La Iglesia Católica aprueba una aplicación para confesarse usando un iPhone? ¿En serio? Al leer la noticia nos damos cuenta claramente de que estamos frente a un titular bastante engañoso. Se trata de un obispo (no dicen nombre ni procedencia) que supuestamente aprobó el uso de una aplicación para los teléfonos inteligentes iPhone la cual permite a los usuarios confesarse por esta vía. Luego la nota aclara que para obtener la absolución sigue siendo necesaria la confesión personal con un sacerdote.

¿Es esto en serio?

Para que no quepa lugar a duda, el Vaticano ha declarado de forma tajante que no puede haber confesión mediante aparatos iPhone, explicando que “es esencial comprender bien que el sacramento de la penitencia demanda necesariamente una relación de diálogo personal entre el penitente y el confesor, y la absolución de parte del confesor presente”. También aclaró el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi que el sacramento “no puede ser reemplazado por ninguna aplicación informática”.

Mas claro no canta un gallo.

¿Confesarse por iPhone?