¿Dios también quiere a los malos?

Era necesario que publicara aquí mi eco de la eucaristía de anoche. Y comienza con esta inocente pregunta que me hiciera una de las niñas (me parece que fue Isabel) hace un par de días:

Papi, ¿Dios también quiere a la gente mala?

¡Estas niñas salen con cada pregunta!

Mi respuesta no titubeó: “Claro que Dios quiere a los malos. Dios es amor y no puede negarse a si mismo; por lo tanto Dios nos quiere a todos; malos y buenos”.

“Y además yo creo que la gente mala no es tan mala. Son solo un poquito malos” – añadió Isabel.

A esto le tuve que responder con más sinceridad de la que hubiese querido: “La verdad es que hay gente muy pero muy mala, Isabel” – añadiéndole: “Pero es por esa gente por la que más debemos rezar. Si rezamos por ellos quizás se conviertan y podamos alcanzar lo que Dios quiere para nosotros: que nos amemos los unos a los otros como El nos ha amado. Eso sería lo máximo; algo así como comenzar a vivir en el cielo desde aquí ya mismo”.

Ahora recuerdo esa conversación y me digo a mi mismo: Solo te queda creerte todo eso, Rolando.

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¿Dios también quiere a los malos?

Ser humilde

¿Que significa ser humilde? ¿Que es la humildad? ¿Eres tu una persona humilde?

Hace unos días, durante la celebración semanal de la palabra con mi comunidad, una de las hermanas decía haber escuchado de un sacerdote que humilde es quien acepta su historia.

A mi me ha impactado sobremanera esta definición. Suena casi demasiado fácil: “Humilde es quien acepta su historia”. Pero a la misma vez esta frase encierra tanto. Porque obviamente hay que preguntarse entonces lo siguiente: ¿Aceptas tu historia? ¿Aceptas a tu esposa o esposo, tal cual es? ¿Aceptas a tus hijos, tal y como han resultado; algunos homosexuales, otros drogadictos? ¿Aceptas tu situación de desempleo? ¿Aceptas el país concreto en el que te ha tocado vivir, con su gobierno seudo-comunista? Si te revelas contra alguna de estas situaciones específicas que te han tocado vivir no has aceptado tu historia. Has dicho en tu corazón: Dios se equivocó. Yo hubiese hecho  todo esto mejor de lo que Dios lo ha hecho. Te has revelado contra Dios y por lo tanto no eres humilde.

Yo no soy humilde.

Ser humilde