Los niños sin casa

En esta entrada no estamos hablando de la infancia abandonada, ni de los niños que se ven deambulando por las calles de nuestras ciudades. Es otro tipo de niño sin casa del que queremos conversar un poco.

Hoy a la hora del almuerzo nos dimos cuenta de la cantidad de niños y niñas que viven en nuestro bloque que al parecer no tienen papá o mamá o casa a la que irse a almorzar al mediodía. Quizá motivado un poco por las vacaciones escolares, los amiguitos de nuestros chamos se la pasan metidos en nuestra casa. A toda hora. Incluso cuando uno pensaría que es hora de que se vayan a almorzar o a cenar. Por lo menos a merendar. Nada. Los pequeños invasores no se mueven de nuestra cocina.

Suponemos que por un lado esto es bueno; así sabemos a toda hora en donde están nuestros hijos y no nos tenemos que angustiar mucho preguntándonos donde están metidos.

De lo que si tenemos que preocuparnos, sin embargo, es de lo rápido que se vacían la nevera y la despensa.

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Los niños sin casa

No hay mayor genocidio

Acabo de leer una noticia verdaderamente espantosa: En China se llevan a cabo cada año alrededor de 13 millones de abortos. En realidad son muchos mas, pues este número es el declarado oficialmente por las clinicas y hospitales de ese país. Si a eso le sumamos todos los abortos realizados en zonas rurales o urbanas no registrados pues quien sabe en realidad cuantos asesinatos de niños y niñas sin nacer se cometen anualmente en el gigante asiático.

La mayoría de estos abortos son practicado a muchachas jóvenes solteras que conocen poco de métodos anticonceptivos. Y he aquí, que seguramente muchos estarán pensando: “Obviamente la solución a este problema está entonces en desarrollar una amplia y multimillonaria campaña para educar a las chinitas y que aprendan como tener sexo a diestra y siniestra sin quedar embarazadas”. Mas de uno estará pensando “pero bueno chico, ¿es que esta gente no ha escuchado hablar de pastillas anticonceptivas?”; a lo que desde la Iglesia respondemos: Puede que no hayan escuchado sobre pastillas anticonceptivas, pero de lo que seguramente jamás han escuchado hablar es del amor de Dios y de como su hijo Jesucristo tiene poder para devolverle la vida al hombre de hoy. Poder para hacer que esas millones de chicas chinas valoren sus cuerpos y sepan que estos son templos sagrados donde puede residir el Espíritu Santo. Solo hace falta que se les anuncie esto. ¡Esta verdad le entra a la gente por medio de la necedad de la predicación! ¡Ojalá el Señor suscite muchas familias en misión o comunidades enteras que vayan, no solo a la China, sino a cualquier rincón de este mundo donde por desconocimiento de la misericordia infinita de Dios se estén cometiendo crímenes tan atroces como este! ¡Ojala Patricia y yo junto con nuestros hijos seamos movidos a decirle SI a este llamado del Señor!

Mientras tanto nos queda rezar. La Iglesia en Casa invita a todos los que en algún momento del día puedan dedicarle unos minutos a la oración a pedir por todas estas muchachas y por sus indefensos hijitos asesinados a diario, para que el Señor se apiade de todos nosotros y vuelva a hacer todas las cosas nuevas.

No hay mayor genocidio

Una lección para todos

El futbolísta Samuel.
El futbolísta Samuel.

Hoy era el día. Desde hace un par de semanas el día de hoy estaba señalado en el calendario como la fecha en que iría toda la familia a ver a Samuel jugando fútbol en Maracaibo. Pero como no son nuestros planes los que se cumplen sino los del Señor, aquí estamos en casa; haciendo tareas escolares y escribiendo sobre la lección que todos aprendimos con este frustrado viaje.

Resulta que después de sumar, restar, multiplicar y dividir, las cuentas que sacamos nos decían de forma clara y sin lugar a equivocación que simplemente no había plata como para irsela a gastar en un viaje (así fuese de una sola noche) a Maracaibo. Para mi resultó sumamente amargo tener que decirle a Samu que no podríamos ir y que tendríamos que esperar hasta el próximo año para tener esta experiencia. Y para Samuel, esto fue algo difícil de tragar y mucho mas de comprender.

Pero para todos hubo algo positivo en medio de esto: Samuel aprendió que no todo lo que queremos obtiene un “si”  automático. Que a veces simplemente no se puede y no se puede.

A Paty y a mi nos quedó el haber experimentado la voluntad de Dios. El poder ver que esta de vez en cuando no tiene nada que ver con los planes y proyectos que uno pueda tener. Al final del día nos queda la sensación de haber visto a la zarsa ardiente: Dios hablandonos y nosotros algo perplejos; a veces sin entender, pero maravillados ante la certeza de que el Señor acontence en medio de nuestro hogar.

Una lección para todos

“Ya veremos”

Este artículo del Fatherhood Examiner me permitió ver que ciertamente los padres de familia contamos con una excelente arma a la hora de enfrentarnos a las constantes peticiones, solicitudes y demandas de parte de nuestros hijos. Nada mas y nada menos que la frase: “Ya veremos”.

Si nos piden un juguete nuevo, por ejemplo y de inmediato decimos que si, estamos fritos; nos hemos comprometido a comprarles el bendito juguetico y no nos dejarán en paz hasta que lo hagamos. Por otra parte, si decimos que no, quedaremos como unos desalmados que solo sabemos negarnos a toda petición de nuestros hijos. Por lo tanto, ¿que hacer? Es aquí cuando entran en acción las dos palabras más útiles del idioma castellano: “Ya veremos”.

Veamoslas en acción:

– Papá ¿podemos ir al cine?

– Ya veremos.

¿Ven como funciona la cosa? No les hemos dicho que si de una vez, por lo que no estamos comprometidos y más tarde será facil decir que no. Por otra parte, tampoco hemos dicho que no, lo que seguramente hubíese iniciado una pataleta fenomenal. El “Ya veremos” viene a nuestro rescate. Usenlo y verán.

“Ya veremos”