El verdadero amor y una buena preparación para el matrimonio

Primero que nada, ¡feliz día de San Valentín a todos! Que el verdadero amor, ese que se nos manifestó por medio de Cristo en la cruz, sea lo que encamine cada uno de nuestros actos, todos los días de nuestras vidas.

Como regalo en este día en que celebramos el amor y la amistad les dejamos la traducción de este artículo publicado en “The Integrated Catholic Life”, sobre lo que debería ser una autentica pastoral de preparación para el matrimonio:

La celebración ayer del Día Mundial del Matrimonio y hoy de San Valentín son obvias y apropiadas ocasiones para reflexionar sobre las bendiciones del amor romántico y el matrimonio.  También pueden ser días difíciles para el cada vez mayor número de personas cuyas experiencias personales del amor no han llegado a cumplir los ideales y las expectativas del amor.  El sufrimiento personal causado por las desilusiones, las relaciones, los matrimonios y las familias a menudo hacen que la gente, tanto los jóvenes como los mayores, se vuelvan un tanto cínicos con respecto a la posibilidad de que exista un amor verdadero y duradero, y que de igual forma vacilen a la hora de comprometerse totalmente con otra persona, sin lo cual el amor genuino y perdurable no tendrá ninguna posibilidad.

El Papa Benedicto XVI habló de estas realidades el 22 de enero en un interesante discurso dirigido a los miembros de la Rota Romana, el tribunal del Vaticano que, entre otras cosas, se encarga de las apelaciones finales relativas a las peticiones para investigar la nulidad de los matrimonios.

Durante los últimos años Su Santidad ha estado usando su discurso anual a la Rota para llamar la atención de los miembros de ese tribunal supremo, así como la de abogados canónicos, obispos y la iglesia en general, al hecho de que sencillamente se están otorgando demasiadas declaraciones de nulidad en el mundo entero cada año. En estos discursos ha buscado  identificar las diversas causas que contribuyen al problema, centrándose principalmente en la incomprensión y mala aplicación de los cánones que se refieren a lo que constituye un consentimiento válido al matrimonio.

Este año, sin embargo, el Papa se ha referido a un asunto mucho mayor: la falta de una preparación adecuada para el matrimonio en las parroquias y diócesis alrededor del mundo lo cual deja sin ayuda a las jóvenes parejas a la hora de reconocer lo que el matrimonio es en realidad y poder así dar su consentimiento. La razón por la que se termina dictaminando que muchos matrimonios han sido nulos desde el principio, sugirió el Papa, es porque aquellas personas involucradas en la preparación matrimonial no han hecho lo suficiente para ayudar a que jóvenes parejas bien intencionadas conozcan con adecuada precisión aquello a lo que estaban consintiendo. Su Santidad invitó a los párrocos y a todos los involucrados en la preparación de las parejas para el matrimonio en todo el mundo – por reverencia al sacramento del matrimonio y preocupación pastoral por quienes resultan afectados por una ruptura marital y el proceso para obtener una declaración de nulidad – a estar mas comprometidos y ser mas exigentes con las parejas que busquen casarse para asegurarse de que realmente tengan la intención de abrazar lo que Dios desea en un matrimonio cristiano. Específicamente los llamó a reforzar “la dimensión jurídica inherente a la actividad pastoral de la preparación y la admisión al matrimonio.” Aclaró que en diversos lugares de la iglesia, los cursos de preparación pre-matrimoniales dan “una posición bastante modesta, si no insignificante”, a los asuntos canónicos. Muchos párrocos, indicó, piensan que “los futuros esposos tienen poco interés” en estos asuntos y por lo tanto se resignan a realizar el trámite pre-marital como una mera formalidad en lugar del medio crucial de discernimiento que es.

Una razón por la que los párrocos y demás personas involucradas en las preparaciones pre-maritales no estén ayudando a las parejas con este tipo de discernimiento, sugiere Benedicto XVI, es porque erróneamente piensan que las jóvenes parejas católicas tienen un derecho a casarse en la iglesia. El Papa fue enfático al aseverar que no existe tal derecho. “El derecho a casarse”, declaró, “no es una pretensión subjetiva que los párrocos deban satisfacer por medio de un reconocimiento meramente formal, independientemente del contenido efectivo  de la unión. El derecho a contraer matrimonio presupone que la persona puede y desea celebrarlo verdaderamente, es decir, en la verdad de su esencia tal como lo enseña la iglesia. Nadie puede reclamar el derecho a una ceremonia nupcial. ”  El derecho a casarse, añadió, “se refiere al derecho a celebrar un autentico matrimonio” y “por lo tanto se negaría donde sea evidente que hacen falta los requerimientos fundamentales para su ejercicio, a saber, si la capacidad requerida para casarse estuviese ausente de forma patente o si la persona tuviese intenciones de escoger algo que fuese incompatible con la realidad natural del matrimonio”. Los pastores, dijo, tienen la obligación de determinar si la pareja en realidad tiene intenciones de entrar al matrimonio tal y como lo entiende la iglesia y no como ellos puedan entenderlo.

Para ilustrar lo que Benedicto XVI dice con respecto a la intención de una pareja de escoger algo incompatible con el matrimonio, podemos observar lo que una pareja debe afirmar bajo juramento con respecto a sus intenciones, lo cual hacen por escrito ante el sacerdote que los esté preparando así como públicamente durante la ceremonia de la boda justo antes del intercambio de los votos.  La pareja declara que  tienen la intención, de forma libre y sin reservas, al entregarse mutuamente en matrimonio, de comprometerse a amarse y honrarse mutuamente como marido y mujer por el resto de sus vidas, y que con amor aceptarán los hijos de parte de Dios y que los criaran de acuerdo a la ley de Cristo y la iglesia.  Estos son compromisos a los que muchos jóvenes novios le dan un si superficial, pero que a menudo, en lo profundo carecen de comprensión y consentimiento.

Su Santidad expresó que estos exámenes premaritales de la pareja son “una oportunidad pastoral única – de la que se deba sacar el mayor provecho con toda la seriedad y atención que se requiere – en la cual, a través de un diálogo lleno de respeto y cordialidad, el pastor busque ayudar a cada uno de los novios a hacer frente seriamente a la verdad sobre si mismos y sobre su propia vocación, humana y cristiana para el matrimonio. ” A través de estos medios de “cuidadosa preparación y verificación, se podrá desarrollar una efectiva acción pastoral que busque prevenir la nulidad del matrimonio” y “evitar situaciones donde decisiones impulsivas o razones superficiales lleven a dos personas jóvenes a tomar responsabilidades que luego sean incapaces de cumplir.” A pesar de que “no todas las causas de una eventual declaración de nulidad puedan identificarse o expresarse en la preparación para el matrimonio”, dijo, “el bien que tanto la iglesia como la sociedad en general esperan del matrimonio y de la familia fundada en este, es tan grande como para exigir un completo compromiso pastoral con esta área en particular.” Específicamente pidió a aquellos a los que “se ha confiado el cuidado de las almas” – obispos y pastores – a tener una “conciencia aun más incisiva” de sus responsabilidades en esta área.

Un compromiso pastoral mas profundo e incisivo con la preparación matrimonial resultará no solo en menos anulaciones, sino también en matrimonios válidos más fuertes, capaces de llevar a cabo la elevada misión que Cristo le da a cada pareja casada sacramentalmente.

Al celebrar la fiesta de San Valentín, quien preparó, facilitó y celebró el matrimonio de tantos cristianos durante una época de persecución, pidamosle que interceda por todos los que estamos en la iglesia hoy, para que podamos comprometernos, junto con las jóvenes parejas, de esa misma forma.

Autor: Padre Roger J. Landry

El verdadero amor y una buena preparación para el matrimonio

De como la vida triunfa sobre la muerte

Este fin de semana ha resultado una confirmación para mí de que la vida triunfa sobre la muerte.  Tres circunstancias o eventos así lo atestiguan:

La mujer pro-abortos

El viernes he tenido una acalorada discusión (vía Twitter)  con una completa desconocida que defendía a capa y espada el supuesto derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y si se practican abortos o no. Resulta que la mujer aparte de defender el aborto, era atea y feminista. A simple vista era una discusión que no iba a llegar a ninguna parte, pero lo cierto del caso es que me dejó un extraño sabor en la boca.

La mujercita en cuestión diciendome que un feto no es un bebé.

La vida en abundancia

Pero Dios siempre misericordioso nos hizo un tremendo regalo para el resto del fin de semana: Unos amigos, hermanos catecúmenos, nos pidieron que cuidáramos a sus tres hijos mientras estaban en la convivencia del Padre Nuestro (uno de los pasos del Camino Neocatecumenal). Desde el viernes en la noche hasta el domingo en la tarde no fueron cuatro sino siete los niños que Dios puso a nuestro alrededor. Siete niños que bañar, llevar a la eucaristía y con los cuales rezar laudes el domingo por la mañana. Verdaderamente ha sido toda una bendición ver como el amor de Dios ha triunfado y la vida se ha multiplicado y prevalecido sobre la muerte.

Nuestros 7 hijos por un fin de semana

Y para que no quede la menor duda…

…el sábado en Londres nació Sofía, la cuarta hija de mi hermana Milana y su esposo Ruber. Nació en su casa, rodeada del amor de su padres y hermanas en lugar de en un quirófano, rodeada de doctores blandiendo afilados bisturís. Que el Señor bendiga a todos los matrimonios abiertos a la voluntad de Dios y  que la vida fecunda de estas familias sea testimonio para el mundo de que Cristo está vivo en medio de nosotros.

De como la vida triunfa sobre la muerte

21 Hijos

El fecundo matrimonio

Se cuenta y no se cree. De hecho, desde hace años mi padre ha contado la historia de un matrimonio caroreño que tuvo 18 hijos y la cosa siempre me sonó a un cuento exagerado. Ahora me entero de esto y no me queda sino maravillarme ante la providencia de Dios.

Un matrimonio italiano, Settimio Manelli (1886-1978) y Licia Gualandris (1907-2004), además de vivir largas vidas tuvieron la gracia de estar abiertos a la vida y de recibir los 21 hijos que Dios les envió. Y para los que piensen que eso era antes, que ahora todo es más difícil y no se pueden tener tantos hijos: Settimio y Licia se casaron en 1926 y tuvieron sus hijos en la Europa de la II Guerra Mundial. Resulta difícil imaginar una época más dura.

Es simplemente cuestión de creer que Dios provee. Esta pareja así lo hizo y dejó a sus 21 hijos como testimonio del amor de Dios ante el mundo entero . No en vano la iglesia está estudiando la posibilidad de beatificarlos, lo que haría que se conviertan en el tercer matrimonio en ser elevado a los altares.  Patricia, tenemos bastante trabajo por delante: ¡apenas nos faltan 17 hijos para alcanzar a los futuros santos!

Recemos por todos los matrimonios abiertos a la vida quienes valientemente y con la certeza de que Dios no se deja vencer en generosidad han estado dispuestos a que sea El quien decida cuantos hijos se tienen, haciendo siempre todas las cosas nuevas.

21 Hijos

¿Rezar antes de la cama?

No vamos a hablar aquí de las oraciones que decimos al acostarnos a dormir. Estamos hablando de la oración que todo matrimonio cristiano debería decir antes de acostarse, no precisamente a dormir.

Recuerdo claramente las caras que pusimos Paty y yo hace unos cuantos años, cuando escuchamos de uno de nuestros catequistas que los matrimonios cristianos, antes de hacer el amor, rezan. En nuestra inmadurez en la fe para aquel entonces no podíamos concebir que justo en el momento apasionado y fogoso del foreplay se pudiese uno detener  para rezar???!!!

Con el paso del tiempo nos hemos ido dando cuenta de que nos es así como funciona la cosa. Se trata sencillamente de que al entrar a la habitación (a dormir o a lo que sea) los esposos dicen una oración para que el Señor se haga presente y santifique el tálamo nupcial, de forma tal que lo que suceda allí durante la noche sea algo santo, puro y sacramental, si se quiere.

¡Ojo! Debemos confesar que seguimos siendo unos inmaduros en la fe desde este punto de vista. Rara vez (por no decir que nunca) hacemos esta oración para santificar el acto conyugal.

Les preguntamos ahora, y quisiéramos que en verdad se abra una conversa al respecto en los comentarios a esta entrada: ¿Rezas con tu esposo/a antes de irte a la cama, o dejas que las cosas pasen de forma natural y espontanea, sin meter mucho a Dios en esto?

¿Rezar antes de la cama?