Un rotundo regreso a clases

Si no tengo cuidado voy a terminar así.

El día de ayer los niños comenzaron su nuevo año escolar y de igual forma Paty retornó al trabajo después de unas semanas de merecidas vacaciones, volviendo todos a retomar nuestra alocada y ultra-ocupada vida cotidiana.

Además de los horrorosos madrugonazos para poder dejar a los niños a tiempo en el colegio y de todas las tareas y trabajos escolares que tenemos por delante, sin duda lo que nos viene tanto en lo personal como en lo laboral, son unas semanas  bastante atareadas, por decir lo menos. En el trabajo ya nos estamos volviendo locos con el regreso de los alumnos  y la reorganización de grupos en el instituto de inglés donde trabajamos Paty y yo. Y para colmo a todo esto le tendremos que sumar el detallito de los trabajos de remodelación que estaremos llevando a cabo en la casa que tan misericordiosamente Dios ha querido que podamos comprar este verano.

Esperemos que por medio de la oración no se nos olvide que el Señor está siempre con nosotros y que no nos dejará solos en ninguna de estas cosas.

Que así sea.

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Un rotundo regreso a clases

Cocinando dos conejos (¡ojalá no se queme el más importante!)

¿Que es lo que normalmente pasa cuando una persona cocina dos conejos (o cualquier cosa) a la misma vez? Uno de los dos termina quemándose por falta de atención, ¿no es así?

Pues en algo parecido nos tiene el Señor actualmente. ¿Cuando nos íbamos a imaginar que un evento tan importante como la Primera Comunión del mayor de nuestros hijos coincidiría con otro bastante significativo de por sí, como lo es una mudanza? En cuestión de días, a mas tardar este sábado, deberíamos ya haber vaciado el viejo apartamento y estar mudados al lugar que Dios, en su infinita misericordia, ha proveído para nosotros. El detalle es que al día siguiente Samuel estará recibiendo por primera vez el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Tal y como señalábamos en el título de esta entrada, ojalá que la tensión y angustia que suele acompañar a uno de estos acontecimientos no haga que descuidemos al otro, infinitamente más importante. Les pedimos a todos, una vez más, que recen por nosotros.

Cocinando dos conejos (¡ojalá no se queme el más importante!)