Señor, tu eres mi paz y mi consuelo

Nada como las vísperas y su respectivo himno para cerrar un día de trabajo tan particularmente arduo y frustrante como fue el de hoy para mí. Verdaderamente Dios no se olvida nunca de nosotros, sin importar que tan complicado y absurdo pueda parecernos todo de vez en cuando.

A continuación el himno que abre la oración de esta noche titulado “Señor, tu eres mi paz y mi consuelo”. Ojalá les dé a ustedes tanto alivio y esperanza como me los ha dado a mi.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

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Señor, tu eres mi paz y mi consuelo

¡Que semana!…y aún no ha concluido.

Todo comenzó hoy viernes, hace una semana con el evento del plomero y la inundación del apartamento que reseñamos aquí. A eso siguió el mal rato que pasó Samuel, el mayor de los hijos, el domingo a causa de una rodilla que se le ha estado dislocando y todas las preocupaciones que este tipo de cosas suelen implicar.

Desde el viernes el carro venía presentando problemas de recalentamiento, los cuales gracias a Dios fueron rápidamente resueltos el lunes, pero al día siguiente nos dimos cuenta de que el traumático trabajo de plomería había dejado como resultado una minúscula filtración que se evidenciaba en la gota de agua que se dejó ver de nuevo en el piso del baño.

¡No mas de esto, por favor!

Y para completar las cosas (esperamos que el par de días que quedan en la semana pasen inadvertidos) esta noche, mientras Paty regresaba a casa con los cuatro niños en el carro, a este le dio por accidentarse en mitad de la avenida, teniendo, en última instancia, que llamar taxis y grúas para solventar la pequeña emergencia vial.

Está claro que todos estos no son sino problemillas cotidianos a los que se enfrenta la familia promedio en nuestra sociedad. Lo distinto, sin embargo, es como el Señor se ha hecho presente en medio de todas estas vicisitudes y no ha dejado que murmurásemos o maldijésemos al tener que hacerle frente a cada uno de estos inconvenientes. Verdaderamente hemos visto como el Señor nos ha ido mostrando su infinita misericordia a medida que nos presenta estas pequeñas pruebas, así que le damos gracias y lo bendecimos por todo lo que nos ha regalado esta semana (y esperamos que nos deje agarrar un suspirito por un tiempo aunque sea).

Actualización: Como Dios no deja nunca de sorprendernos, anoche permitió que se me reventara un caucho (llanta, como le dicen en otros países) cuando venía de regreso a casa en la noche después de un largo día de trabajo. Para colmo, al repuesto le faltaba aire. Fue toda una odisea pero con un final feliz, gracias a Dios. Definitivamente está enamorado de nosotros.

¡Que semana!…y aún no ha concluido.