Señor, tu eres mi paz y mi consuelo

Nada como las vísperas y su respectivo himno para cerrar un día de trabajo tan particularmente arduo y frustrante como fue el de hoy para mí. Verdaderamente Dios no se olvida nunca de nosotros, sin importar que tan complicado y absurdo pueda parecernos todo de vez en cuando.

A continuación el himno que abre la oración de esta noche titulado “Señor, tu eres mi paz y mi consuelo”. Ojalá les dé a ustedes tanto alivio y esperanza como me los ha dado a mi.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.

Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.

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Señor, tu eres mi paz y mi consuelo

El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra

Como veníamos diciendo, Dios le habló ayer a Venezuela y le habló de forma contundente. Algunos estamos afligidos y perturbados, pero como cristianos que somos creemos en el amor de Dios Padre y sabemos que solo en El vamos a encontrar refugio y consuelo en esta hora negra que vive nuestra nación.

También sabemos que las casualidades no existen. Les dejo a continuación la primera lectura del oficio de hoy, tomada del libro de Ben Sirá, como para que estemos seguros de que Dios está velando por nosotros en estos momentos. De eso no nos quede la menor duda.

“Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en el momento de la prueba; pégate a él, no lo abandones, y al final serás enaltecido. Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza: porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza. Confía en Dios, que él te ayudará; espera en él, y te allanará el camino.

Los que teméis al Señor, esperad en su misericordia, y no os apartéis, para no caer; los que teméis al Señor, confiad en él, que no retendrá vuestro salario hasta mañana; los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo perpetuo y salvación. Fijaos en las generaciones pretéritas: ¿quién confió en el Señor, y quedó defraudado?, ¿quién esperó en él, y quedó abandonado?, ¿quién gritó a él, y no fue escuchado? Porque el Señor es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro.

Ay del corazón cobarde, de las manos inertes; ay del hombre que va por dos caminos; ay del corazón que no confía, porque no alcanzará protección; ay de los que abandonáis la esperanza, ¿qué haréis cuando venga a tomar cuentas el Señor?

Los que temen al Señor no desobedecen sus palabras; los que lo aman siguen sus caminos. Los que temen ofenderlo buscan lo que es de su agrado; los que lo aman cumplen la ley; los que temen al Señor disponen el corazón y se humillan delante de él. Entreguémonos en manos de Dios y no en manos de hombre, pues como es su grandeza así es su misericordia”.

Me impresiona mucho la última frase, tan llena de significado el día de hoy:

Entreguémonos en manos de Dios y no en manos de hombre, pues como es su grandeza así es su misericordia.

¡Animo hermanos, que Dios nos ama infinitamente y no nos va a dejar solos en esta hora!

El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra

Las angustias y las preocupaciones

Leyendo el blog Following The Truth, de Gary Zimak, me encontré hace un par de días con este artículo que nos viene como anillo al dedo en aquellos momentos en que las angustias y tribulaciones del día a día no nos dejan pensar con claridad y nublan nuestro estado de animo. Al menos a mi me pasa así.

Con el permiso de Mr. Zimak, paso a traducirlo para que lo tengan a la mano y recurran a estas frases dichas por el Señor para que las cargas de este mundo no se nos hagan tan pesadas.

Yo se lo que es sentirse angustiado. Incluso desde que era un joven muchacho tenía tendencia a preocuparme. Afortunadamente, mi ansiedad resultó ser una bendición ya que me hizo buscar consuelo en el Señor. Siempre que doy charlas sobre el tema de la ansiedad me gusta abrir la Biblia y resaltar algunos de los señalamientos de Jesucristo sobre el tema. Sus palabras son claras y concisas; y mucho más eficientes que cualquier consejo que yo pueda dar. Si te preocupas constantemente, he aquí 10 cosas que Cristo quiere que sepas sobre las angustias. Algunas son frases y otras son preguntas, pero todas tienen la intención de hacerte sentir Su paz.

  1. “Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de si mismo” . (Mateo 6, 34)
  2. “¿Por que estáis con tanto miedo? ¿Como no tenéis fe?” (Marcos 4,40)
  3. “Por lo demás, ¿quien de vosotros puede, por mas que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? Si, pues, no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás?” (Lucas 12, 25-26)
  4. “No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con que os vestiréis”. (Mateo 6, 25)
  5. “¡Animo!, que soy yo, no temáis”. (Marcos 6, 50)
  6. “No temáis”.  (Mateo 28, 10)
  7. “No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino”. (Lucas12, 32)
  8. “No temas; solamente ten fe”. (Marcos 5, 36)
  9. “No se turbe vuestro corazón. Creeis en Dios. creed también en mi”. (Juan 14, 1)

Pero un momento… esas son solo 9… ¿donde está la décima frase? Buena observación, pero aquí es necesario cambiar de dirección un instante. En la siguiente frase Jesús nos pide una vez más no tener miedo (en este case de aquellos que nos persiguen y amenazan con hacernos daño) pero también nos dice que hay algo a lo que sí que debemos de temer. A pesar de que son muchas las cosas por las que nos preocupamos, hay una que por lo general no figura en nuestra lista. El miedo al maligno (y la amenaza de la condena eterna) debería motivarnos a mantenernos cerca del Señor y seguir sus mandamientos. Si obramos así, todo saldrá bien.

10.  “Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el            alma;  temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna”. (Mateo 10, 28)

Ahí las tienes. Diez frases del mismo Jesucristo con relación a la ansiedad. ¿Te sientes mejor? Yo también. Tenlas a la mano y refiérete a ellas con frecuencia. Cuando te veas tentado a caer en la angustia, vuelvelas a leer y observa como te sientes. Como cristianos no deberíamos tener de que preocuparnos. Tenemos a Jesús. El es la mejor cura de la ansiedad en nuestras vidas. Por favor, comparte esto con tus compañeros de angustias para que puedan también experimentar la paz del Señor.

Las angustias y las preocupaciones

El poder de la oración (o de como el Señor viene a consolarnos)

Ya con anterioridad hemos hecho mención a la casa que hemos comprado, hace un año aproximadamente, y a los distintos trabajos y arreglos que hemos tenido que hacerle a fin de volverla habitable y poder mudarnos a ella. Han sido unos meses de arduo trabajo y al fin, después de numerosos esfuerzos de todo tipo (físico, financiero, psicológico, etc…) henos ya a punto de mudarnos a nuestro propio hogar.

La causa de nuestras angustias y desvelos

Durante este fin de semana, sin embargo, con mucha tristeza y no menos rabia, nos hemos percatado de una expansión horrorosa que un vecino está llevando a cabo en su casa, la cual queda prácticamente detrás de la nuestra. Si sigue por donde va, no solo nos veremos privados de nuestra privacidad en un alto grado, sino que el valor de nuestra propiedad se verá negativamente afectado con bastante seguridad.

Regresamos al apartamento donde hemos vivido alquilados estos últimos meses en un estado semi-depresivo, dándole vueltas en nuestras cabezas a las posibles acciones a tomar. Gracias a Dios el Espíritu Santo nos movió a la oración y con salterio en mano nos dispusimos a hacer la oración de las laudes, que aun no habíamos hecho a esa hora de la mañana. Y vean como el Señor se ha aparecido en medio del comentario al evangelio del día que tomamos de esta página, y como nos ha cambiado la tristeza en alegría, gracias al consuelo que solo Él puede dar. Citamos lo que dice el Rev. D. Josep Vall, de Barcelona, España:

En el Evangelio del día, el Señor habla a los Apóstoles acerca de la alegría que han de tener: «Que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,11). En efecto, el cristiano, como Matías, vivirá feliz y con una serena alegría si asume los diversos acontecimientos de la vida desde la gracia de la filiación divina. De otro modo, acabaría dejándose llevar por falsos disgustos, por necias envidias o por prejuicios de cualquier tipo. La alegría y la paz son siempre frutos de la exuberancia de la entrega apostólica y de la lucha para llegar a ser santos. Es el resultado lógico y sobrenatural del amor a Dios y del espíritu de servicio al prójimo.

Romano Guardini escribía: «La fuente de la alegría se encuentra en lo más profundo del interior de la persona (…). Ahí reside Dios. Entonces, la alegría se dilata y nos hace luminosos. Y todo aquello que es bello es percibido con todo su resplandor». Cuando no estemos contentos hemos de saber rezar como santo Tomás Moro: «Dios mío, concédeme el sentido del humor para que saboree felicidad en la vida y pueda transmitirla a los otros». No olvidemos aquello que santa Teresa de Jesús también pedía: «Dios, líbrame de los santos con cara triste, ya que un santo triste es un triste santo».

Así que ya sabemos que las cosas se enfrentan es con mucha alegría y confianza en el Señor. Es Él quien lleva nuestras vidas y lo hace todo perfecto. Ya veremos como se soluciona (o no) el problema con el vecino, sabiendo que lo importante es la experiencia de Dios que nos quede al final de todo.

El poder de la oración (o de como el Señor viene a consolarnos)