Las listas de útiles escolares

Las listas de útiles escolares. No es una. No son dos, ni tres. Son cuatro las listas de insumos para el colegio las que Dios ha visto bien que tengamos que comprar para los hijos que (hasta ahora) nos ha enviado.

Debo confesar que me he escandalizado un poco hoy en la librería al momento de pagar y de meter al carro el sin fin de bolsas llenas de cuadernos, diccionarios, libros, sacapuntas, y pare usted de contar. La gente pasaba y al verme con esa cantidad de paquetes algunos reían y la mayoría me veía como quien ve a un bicho raro.   Se preguntarían ¿y este por que compra al por mayor en una librería?

Hace 20 o 30 años quizá este tipo de compras masivas eran un poco mas comunes. Las familias eran más grandes. En mi caso en particular fueron 5 las listas escolares que tenían que salir a comprar mis  padres. Cuatro en el caso de mis suegros. No se en verdad como hacían para meter tanta cosa en un carro. El hecho es que hoy en día es toda una rareza tener que comprar más de una o dos listas. Y la verdad es que uno no puede dejar de entender al que ante la inversión necesaria para los colegios se cierra a la vida y decide no tener mas hijos. Solo la locura de creer en Jesucristo nos ha llevado a mi y a Patricia a este punto. La locura para el mundo. Para nosotros, una esperanza.

Veamos si para el años que viene a parte de las listas escolares tenemos que comprar paquetes de pañales talla “Recién Nacido”. Solo Dios sabe.

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Las listas de útiles escolares

Esta época del año

Los meses de Julio, Agosto y Septiembre suelen ser complicados para la familia venezolana. Sobre todo si esta tiene cuatro hijos.

Durante esta época del año es cuando nuestra confianza en la providencia de Dios se pone verdaderamente a prueba. Hay que inscribir a los niños en el colegio, comprar las listas de útiles y uniformes escolares y además llevar a la familia de vacaciones una semana a Margarita. Justo cuando el trabajo no aporta mucho que digamos, en términos monetarios.

Pero sabemos; lo hemos visto y lo hemos experimentado, que Dios no nos dejará confundidos. El provee y de algún modo cuadrarán la cuentas.

Para los que anden pensando “quien los manda a tener tantos chamos”.

Esta época del año

Olimpiadas de Matemáticas

Samu-Samu, el matemático
Samu-Samu, el matemático

Primero que nada debo aclarar algo: Toda mi vida fui pésimo en las matemáticas. Tanto en 1ro como en 2do año de bachillerato aplacé la materia teniendo que tomar un examen adicional de reparación para poder continuar en mi ni-tan-brillante secundaria. Recuerdo como mas adelante, cada vez que preguntaban en mi clase quienes deseaban participar en la olimpíadas matemáticas yo pensaba que había que tener una tuerca floja en la cabeza para poder, por puro gusto, meterse en una competencia donde ganaba el que mas supiera de fracciones, raíces cuadradas, integrales y por el estilo.

Pues he aquí que Samuel se ha metido en dicha competencia este año. ¡Y no solo eso, sino que fue el único de su salón que clasificó para las finales estatales! ¿De tal palo tal astilla es que dice el dicho?

La semana pasada, el jueves para ser precisos, se tenía que presentar el Samu bien armado con su cartuchera en el Colegio San Pedro a las 2:30 pm para competir con los demás mini-pitágoras. Ese día fue bastante complicado de por sí. Múltiples diligencias y compromisos hacían tentadora la idea de simplemente pasar por alto a las famosas olimpíadas numéricas y más cuando el propio Samuel nos insinuaba que si no lo podíamos llevar no importaba. (Ya el nos había dicho que no sabía como había clasificado, que en su primera prueba había “adivinado” casi todas las respuestas).

Pero también se hizo clara una cosa: Samuel había adquirido un compromiso al entrar en esta competencia. No solo con su colegio ni con su familia, sino con el mismo. Era importante hacer todo esfuerzo para que el estuviese presente a la hora señalada y así quedase de último, tener la oportunidad y la satisfacción de decir: misión cumplida. Por que de lo que se trataba esto era no tanto de ganar, sino de participar, por muy clicheroso que suene.

Y así fue. Dejé a Samuel en el evento y después de un examen de más de 2 horas lo fuimos a buscar sintiendo la satisfacción y el orgullo de haber hecho lo correcto. Los resultados no sabemos cuando los vayan a anunciar y a decir verdad ¡que importa! Desde ya podemos decir: ¡Buen trabajo Samu!

Olimpiadas de Matemáticas

Una lección para todos

El futbolísta Samuel.
El futbolísta Samuel.

Hoy era el día. Desde hace un par de semanas el día de hoy estaba señalado en el calendario como la fecha en que iría toda la familia a ver a Samuel jugando fútbol en Maracaibo. Pero como no son nuestros planes los que se cumplen sino los del Señor, aquí estamos en casa; haciendo tareas escolares y escribiendo sobre la lección que todos aprendimos con este frustrado viaje.

Resulta que después de sumar, restar, multiplicar y dividir, las cuentas que sacamos nos decían de forma clara y sin lugar a equivocación que simplemente no había plata como para irsela a gastar en un viaje (así fuese de una sola noche) a Maracaibo. Para mi resultó sumamente amargo tener que decirle a Samu que no podríamos ir y que tendríamos que esperar hasta el próximo año para tener esta experiencia. Y para Samuel, esto fue algo difícil de tragar y mucho mas de comprender.

Pero para todos hubo algo positivo en medio de esto: Samuel aprendió que no todo lo que queremos obtiene un “si”  automático. Que a veces simplemente no se puede y no se puede.

A Paty y a mi nos quedó el haber experimentado la voluntad de Dios. El poder ver que esta de vez en cuando no tiene nada que ver con los planes y proyectos que uno pueda tener. Al final del día nos queda la sensación de haber visto a la zarsa ardiente: Dios hablandonos y nosotros algo perplejos; a veces sin entender, pero maravillados ante la certeza de que el Señor acontence en medio de nuestro hogar.

Una lección para todos

De vuelta a clases

Hoy volvimos a la rutina. Primer día de clases. Desde hoy y hasta mediados del 2009 estaremos madrugando, poniendo uniformes a niños medio dormidos, desayunando a toda carrera para salir disparados con loncheras y bultos a cuestas y así evitar las colas.

Estaremos haciendo tareas y láminas, preparando exposiciones y aprendiendo a leer, multiplicar y quizás a dividir.

Lavaremos uniformes (Paty se pregunta porque me incluyo en esto de que “lavaremos”), leeremos sobre moluscos, faltaremos a clases por culpa de uno que otro resfriado y se nos olvidarán algunos libros en el carro junto con la plata para la cantina.

Y de vez en cuando, seguramente que nos preguntaremos con cierta melancolía: ¿cuanto falta para las vacaciones?

De vuelta a clases

El acto de fin de curso

Mi papá siempre ha tenido como un principio de vida no asistir a actos de graduación. Ahora entiendo por qué. Resulta que hace un par de días Santiago tuvo su acto de fín de curso, el cual tenía un carácter especial pues se trataba nada mas y nada menos que de su graduación del nivel pre-escolar.

De ahí, quizás, la razón (junto con un apagón inicial de unas dos horas) por la que el acto se extendió desde las 7:30 de la mañana hasta las 12:30 del mediodía. Si, han leído correctamente. Estuvimos durante cinco (5) horas en el salón de usos múltiples del colegio. No fue un acto sencillo de unos 45 minutos. Ni de una hora o dos. No. Fueron cinco extenuantes, largas y a ratos no tan divertidas horas. Con los cuatro niños. (Es decir; incluyendo a las niñas por si no quedó claro).

Una de las cosas que pude observar en este tiempo (aparte de que todos los padres y madres que pasamos por semejante prueba de resistencia somos en verdad merecedores de cuanto poema del Día del Padre o de la Madre se nos dedique) es que al parecer toda persona que se respete debe tener como extensión de su mano una cámara digital o en su defecto una video-grabadora. Me llamó mucho la atención como después de transcurridas unas 3 horas más o menos (recuerden que las primeras 2 fueron simplemente esperando que llegara la luz) los estoicos papás y mamás se dedicaban con frenesí a tomar cuanta foto o video fuera posible del orgulloso graduandito: Le tomaban fotos a sus querubines sentados, parados, comiendo empanada, chorreándose la malta encima, llorando, pidiendo permiso para ir al baño y hasta creo recordar haber visto a una mamá entrando al baño con su hijita con una video-grabadora en mano, seguramente con el ánimo de grabarla mientras se sentaba en el excusado, comentando con voz de madre orgullosa “aquí tenemos a perenzejita meando el día de s graduación de pre-escolar”. Entenderán que no pude resistir la tentación de tomarle una buena foto a los papás-mamás-paparazzi en acción.

Bueno, y ya que este post corre seriamente el riesgo de hacerse tanto o más largo y tedioso que el bendito acto, los dejo con la foto del único que podía hacer que todo aquello valiera la pena: Mi gran Santiago, que entra al primer grado ya sabiendo leer casi que a la perfección. Como habrán visto, yo también tomé unas cuantas foticos (con el celular, porque mi cámara digital comprada en internet, como ya lo saben casi todos en Facebook, está perdida en los recovecos más profundos de UPS). Peace! 

El acto de fin de curso