La única pregunta que el hombre ha de hacerse: ¿me salvé o no me salvé?

Hace un par de días me encontré con cierto artículo en Catholic.net escrito por el padre Mariano de Blas. Es un artículo corto y escrito en un lenguaje claro y fácil de entender pero eso si: nos pone de cara ante la única pregunta que necesita respuesta en nuestras vidas: al final de los tiempos; cuando todo haya pasado, ¿podremos decir que nos hemos salvado o por el contrario, que estamos entre el número de los condenados?

La cuestión es de una contundencia tan brutal que yo diría que aquel que no se sienta movido a conversión, aunque sea un poquitín, desde ya puede irse sumando al lote de los perdidos. Porque a eso se resume todo. Unos cuantos se salvarán y los demás se perderán. Y en ambos casos será para siempre. Todo lo demás son tonterías: ¿Me iré a graduar? ¿Me casaré? ¿Cuantos hijos tendré? ¿Hasta cuando tendremos a Chavez en Venezuela? Estupideces. Solo importa una cosa: Estar en el lote de los que se sentarán a la derecha del Padre después del día del Juicio Final.

Así comienza el artículo en cuestión:

Se nos cuenta en la Biblia que, al final de los tiempos, una vez que hayamos resucitado, todos los hombres nos vamos a reunir. Es impresionante la cantidad de personas que vamos a ser: millones y millones de seres humanos.

En ese momento va a venir Dios de una manera solemne, rodeado de ángeles, para decir unas palabras decisivas a los hombres. Toda esa gran multitud estará dividida en dos bandos: unos, se nos dice, estarán a la derecha, otros estarán a la izquierda. Los que estén a la derecha sabrán que definitivamente se han salvado. Nada ni nadie les podrá quitar esa felicidad eterna que lograron con su buena vida. Los que estén a la izquierda sabrán que…

Lean aquí el artículo completo en la página original donde lo encontré.

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La única pregunta que el hombre ha de hacerse: ¿me salvé o no me salvé?

¿Por que los cristianos no lloramos ante la muerte?

Esa pregunta me la hizo hoy Samuel, nuestro hijo de 11 años de edad, cuando llegábamos a la funeraria tras la muerte de una hermana de las comunidades neocatecumenales quien se durmiese en el Señor en horas de la madrugada de hoy.

Antes de ofrecerle una respuesta, lo emplacé para que fuese el mismo quien descifrara el llanto distinto de los cristianos cuando estamos de cara a la muerte (porque los cristianos si lloramos, solo que de manera distinta. Mas abajo explicamos un poco).

Me alegró mucho escuchar a mi hijo explicar: “Los cristianos no lloramos porque sabemos que el que se muere, en verdad no se ha muerto. Solo se ha ido a vivir al cielo”. ¡Bien por ti, Samu, que a tu corta edad ya has captado la esencia del Evangelio!

Luego, para ayudar a aclarar un poco todo el asunto, María Claudia (la 3ra, de 6 años de edad) nos recordó como ella nos había visto llorar un poco durante el sepelio de su tío Reinaldo.  Y aquí si hizo falta la explicación: A pesar de ser conocedores de la buena noticia de que Cristo ha vencido a la muerte, los cristianos seguimos siendo seres humanos con sentimientos y por eso lloramos un poco, y sin desesperanza o desconsuelo.

Les pedimos a todos que incluyan en sus oraciones a la familia Colmenarez para que Dios les de consuelo, refugio y fortaleza y se acuerden siempre de que el Señor los está amando infinitamente a esta hora. Nosotros, desde La Iglesia en Casa les decimos: ¡Felicitaciones! ¡Tienen una santa en el Cielo!

¿Por que los cristianos no lloramos ante la muerte?

Adiós Francisco

Ayer el Señor nos volvió a visitar. Concretamente a la familia Melian, viejos amigos de los Silva Espinosa. Francisco, uno de sus hijos fue llamado por Dios para ir a habitar en las eternas moradas. Se ha dormido luego de una dura batalla con varias enfermedades que le aquejaban y ahora debe estar junto a Reinaldo, mi hermano, contemplando el rostro amoroso de nuestro Señor Jesucristo.

Tanto quería Francisco a Reinaldo que decidió seguirlo hasta la muerte. Tenían en vida una de esas amistades que a uno lo dejan boquiabierto y todos decían durante el sepelio que Francisco no pudo nunca superar la pérdida de su compañero de parrandas, peleas y viajes a la playa.

Morir e ir al cielo seguramente es romper con todo lo que conocemos y entrar en una dimensión completamente nueva y distinta, infinitamente mejor que cualquier cosa que nuestra escasa mente pueda imaginar. Y como esto es algo que simplemente no se puede poner en palabras, debemos recurrir a imágenes conocidas para poder visualizar lo bien que deben estar ahora mismo estos dos amigos.  ¿Estarán tomándose unas cervecitas mientras juegan dominó? ¿Tendrán una carne lista para la parrilla? Por supuesto que no. Estar sentados a la derecha del Padre no puede limitarse a las tonterías que hacíamos aquí en la tierra. Pero si imaginarnos estas cosas nos da consuelo y esperanza, pues que así sea.

Descansa en paz, Francisco. Me saludas a Rey.

Adiós Francisco