A la espera del Señor

A riesgo de ponernos fastidiosos con el tema de la mudanza inminente que tendremos que hacer en pocos días, he aquí otra entrada sobre ese asunto. De antemano, gracias por soportarnos.

Pues así nos tiene Dios en estos días. A la espera de que acontezca. A la espera de su providencia. Ya hemos vendido el apartamento y solo esperamos a que nos informen cuando será la firma definitiva y por ende, la fecha en la que tendremos que mudarnos para hacer entrega a los nuevos dueños. La casa que estamos comprando aun no nos la han entregado y pueden pasar varias semanas más antes de que esto suceda. De cualquier forma, una vez tengamos las llaves de esa casa, tendremos que comenzar a acondicionarla para poder ocuparla, por lo que serán varios meses; si no es que un año o mas, el tiempo en que tendremos que vivir en una casa o apartamento alquilados.

Y ahí radica el otro drama. Gracias a las leyes de inquilinato vigentes en Venezuela es bastante complicado conseguir quien esté dispuesto a alquilarle un inmueble a una familia con hijos pequeños. Es todo un rollo que no vale la pena ponerse a explicar en este momento. Lo cierto es que en pocos días tendremos que salir de este apartamento y solo Dios sabe a donde nos iremos a mudar. Claro, para un cristiano adulto en la fe, esto sería no solo suficiente, sino hasta consolador y esperanzador. Pensar que Dios ya sabe cual será nuestra próxima vivienda es motivo de bastante alivio a decir verdad. Solo nos queda ponernos en sus manos y confiar en Él a ciegas, tal y como lo hizo su Madre cuando el ángel la visitó. Ya el Señor decidirá cuando es el momento ideal para visitarnos a nosotros. ¿O es acaso que ya nos está visitando y aún no nos hemos dado cuenta?

Más adelante les contamos como los niños han estado lidiando con todas estas angustias, que ya hasta para ellos, en su inocencia, se han hecho evidentes. Para que tengan una idea: mientras que por un lado María Claudia nos pregunta cada 15 minutos cuando nos vamos a mudar, por su parte Samuel ya se ha puesto un poco melancólico y hasta un par de lagrimas ha dejado salir por la tristeza de dejar atrás a los amiguitos que han hecho aquí.

Recen por nosotros.

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