¡Feliz Navidad!

Esta navidad de 2010 verdaderamente va a ser especial. A pesar de todo. Y decimos que a pesar de todo porque en nuestras actuales circunstancias uno podría sumirse en una profunda depresión y decir que estas serán las peores navidades que hayamos vivido.

¿Como así? Veamos:

En primer lugar estamos a las puertas de la primera Navidad sin nuestro querido Reinaldo, a quien, como ya algunos sabrán, el Señor llamó a su lado exactamente hace 6 meses.  Por otra parte, la casa que Patricia y yo pensamos comprar está a punto de ser tomada a la fuerza por gente que ha quedado sin hogar debido a las torrenciales lluvias que hace algunas semanas azotaron a Venezuela (para nuestros lectores en otras partes del mundo, desde que Hugo Chavez es presidente de este país, las invasiones y tomas forzosas de la propiedad privada se han vuelto algo común y corriente; cosillas del comunismo del siglo XXI). Por último, las cosas que han estado sucediendo en Caracas específicamente son un claro indicativo de la locura que está por desatarse en este país, donde una Asamblea Nacional totalmente entregada se ha dado a la tarea de aprobar cuanta ley cruce por la mente de nuestro estimado dictador.

Pero para el cristiano la navidad es algo más que un sentimentalismo. No es esta una ocasión para reunirnos a llorar por los que ya no están con nosotros ni a lamentarnos por las desventuras que nos toca vivir a los que estamos a las puertas de un comunismo retrogrado y bananero. Así la casa que tanto esfuerzo nos ha costado comprar termine en manos de unos invasores exaltados por el clima enrarecido que se vive en esta parte del mundo.

Para el cristiano la navidad es la certeza de que Dios se hizo hombre, se encarnó en una doncella virgen y nació en un pesebre con el fin de que nosotros pudiésemos parecernos a él. Por lo tanto podemos decir que a pesar de todo, estas serán sin duda alguna las mejores navidades que hayamos tenido.

Sabemos, hemos sido testigos de que en Belén de Judá esta noche nos ha nacido un salvador, el mesías, el Señor. Y su salario le precede: la salvación y la la vida eterna. ¡Desde La Iglesia en Casa les deseamos a todos una Feliz Natividad del Señor!

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