Iglesia, Internet y Comunidad

Hace unos días me encontré con este artículo en el timeline de nuestra cuenta en Twitter. Resulta que la iglesia ha estado inspirando el surgimiento de comunidades cristianas por más de dos milenios y ahora vienen portales virtuales como Facebook, Twitter, Flickr e inclusive WordPress (plataforma usada para este blog) y en menos de 10 años han querido adueñarse y monopolizar  todo lo que tenga que ver con la palabra comunidad.

Por supuesto que estos sitios en la red giran alrededor de otro tipo de comunidad. Intentan acercar a un montón de desconocidos con afición por la fotografía, por ejemplo, y en torno a este tema se agrupa lo que terminan denominando una comunidad de fotógrafos en sitios como Flickr. Igual sucede en el caso de Facebook. Gente que en algún momento tuvo contacto entre sí en el mundo real se vuelven a conectar después de decenas de años sin saber nada el uno del otro y surge una nueva “comunidad” virtual.

¿Es esto una comunidad de comunidades?

El problema radica en que al parecer la iglesia católica, la comunidad de comunidades por excelencia, había descuidado un poco estos espacios y había llegado a un punto en que la comunicación entre sus miembros se daba de forma totalmente vertical, donde el mensaje, verdadero y único, se transmitía desde arriba hacia los miembros quienes se dedicaban únicamente a consumir el contenido sin mayores posibilidades de crearlo. El Papa Benedicto XVI ha dejado bien claro que es la misión de todo cristiano difundir el mensaje del evangelio aprovechándose en especial de los más modernos y masivos medios de comunicación. El Santo Padre mencionó dentro de estos a los blogs y a plataformas como YouTube, Twitter y Facebook para que en el mundo entero se diera a conocer el mensaje salvador del Hijo único de Dios, muerto y resucitado. Desde entonces, la web 2.0 ha sido abordada con entusiasmo por el catolicismo y el contenido informativo es ahora creado y consumido horizontalmente originándose un bagaje comunicacional mucho más rico y dinámico. Por supuesto que nace un problema: un altísimo porcentaje de ese contenido creado por las masas va a estar no solo errado, sino en ocasiones, mal intencionado, trayendo como consecuencia el peligroso relativismo del que tanto nos ha advertido el Supo Pontífice.

Pero vale la pena el riesgo. Al menos eso creemos los que inspirados por el Espíritu Santo hemos decidido tener una presencia en Internet con el propósito de evangelizar. He ahí probablemente la solución al dilema: pedir y esperar que sea el Señor mismo, a través de su Santo Espíritu quien escriba estas líneas, quien actualice los status en Facebook o en Twitter, quien edite los videos y fotos subidos a YouTube, Flickr o Tumblr para que personas “de toda raza, pueblo, lengua y nación” vengan a conformar La Comunidad, La Asamblea; es decir , La Iglesia.

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