Un susto para probarnos

El susto del que les hablé en el post anterior nos demostró a mi y a Paty lo poco que tenemos de cristianos.

Resulta que a Patricia se le retrasa la menstruación por cuestión de horas y ya andabamos los dos que nos tirabamos por la ventana volviendonos locos pensando que venía el 5to niño en camino (y por ende, la 5ta cesarea, con sus respectivos riesgos). Como diría Jesucristo: Hombres de poca fe.

Fué una experiencia sobrecogedora, no hay duda. Pasamos un par de días en oración, y lo bueno es que al parecer ya uno va a aprendiendo a rezar. Yo por lo menos no le pedía al Señor que Patricia no estuviése embarazada, sino que nos diera a los dos un corazón firme, que no nos escandalizaramos por lo que puedíese venir; que pudiésemos hallar refugio en Dios y que a fin de cuentas pudieramos hacer su voluntad.

Y su voluntad se hizo: Patricia rezaba la oración incesante, la oración del ciego (Señor Jesús, hijo de David, ten piedad de mi…) y sentía a la vez como le baja el flujo que anunciaba que por ahora no había embarazo.

“Tu guardian no duerme. No duerme ni reposa, el guardian de Israel… El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”

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